Higurashi Jardinería creativa
Quiénes somos

Una empresa que siembra oficio


Higurashi Jardinería Creativa nace en el año 2010 como empresa especializada en el arte del bonsái, el diseño de áreas verdes y todo lo concerniente a las plantas.

Nos encargamos de la producción y comercialización de bonsáis, tanto de especies autóctonas de la región zuliana como de árboles procedentes de diferentes lugares del país, así como de los accesorios para su cultivo y de plantas ornamentales. Fabricamos nuestras propias macetas para bonsái y trabajamos con alambre de aluminio y otros productos utilizados en este arte.

Bonsáis en exhibición en el vivero de Higurashi Patio del taller con bonsáis sobre soportes de piedra

Desde un inicio hemos trabajado para difundir el arte milenario del bonsái entre todas aquellas personas que aman la naturaleza y que se sienten atraídas por la cultura oriental.

Contamos con un equipo que imparte conferencias y participa en demostraciones de bonsái, conservación, paisajismo y diseño de espacios que fomenten la interacción del ser humano con su entorno. También sentimos la responsabilidad moral de formar a quien lo requiera: Higurashi actúa además como una escuela para nuevos valores competitivos a nivel nacional e internacional.

Macetas para bonsái fabricadas en el taller de Higurashi Trabajo de taller sobre una composición de bonsái
El origen del nombre

Higurashi: «el paso de las horas»


Higurashi fue una sabina recolectada en 1925 del monte Myôjôsan. El tronco de aquel árbol asombraba por su increíble movimiento y, a pesar de su delgadez, expresaba robustez y vitalidad.

Producía tal admiración que su dueño decidió nombrarlo Higurashi, «el paso de las horas», porque quienes lo observaban podían pasar horas frente a él sin ganas de dejar de verlo.

Higurashi, el bonsái japonés, fotografiado en 1959
1959
Higurashi, el bonsái japonés, fotografiado en 1979
1979
Higurashi, el bonsái japonés, fotografiado en 1981
1981
Higurashi, el bonsái japonés, fotografiado en 2001
2001

Adquirido por el magnate petrolero Chûtaro Nakano, fue expuesto en abril de 1939 en la Exposición Nacional de Bonsái de Tokio, donde decoraba el jardín del salón de té. Durante la guerra los bonsáis de Nakano se dispersaron por Japón y Higurashi comenzó una época agitada que lo puso en serio riesgo.

Reapareció en 1957 y obtuvo el segundo premio en la Exposición de ejemplares excelentes de bonsái. Pasó por las manos de Kôhei Ôta —quien lo plantó en su característico tiesto rectangular de barro rojo—, Yasuharu Satô, Yamaki Masaru y Koide Shinkichi. En 1993 se presentó en la 67ª edición de la Kokufu Bonsai Ten y todos contemplaron su renacimiento.

De ese árbol tomamos el nombre: la idea de que una planta bien cuidada merece el tiempo que se le dedica.

El fundador

Fernando Moncada


Dicen en la filosofía zen que los verdaderos bonsáis son tan sencillos que una mariposa puede volar a través de su follaje.

Tal vez fue esa belleza sencilla la que enamoró a un joven de dieciocho años mientras daba sus primeros pasos en el negocio familiar, un humilde vivero. Hoy ese joven es paisajista y preside el Club Zuliano del Bonsái.

Fernando recuerda que para 1979 sus conocimientos de botánica eran escasos y los de este arte oriental, prácticamente nulos: «Lo único que sabía era que las raíces iban para abajo y las hojas para arriba. Hablar de bonsái en Maracaibo era hablar de una utopía; uno iba a las librerías en busca de datos y los empleados ni siquiera sabían que existía la palabra bonsái».

La falta de libros no apagó la curiosidad que sintió al ver una pequeña planta alambrada en un envase, traída por su hermana desde el Instituto de Botánica Ornamental de Argentina. En 1986 descubrió que no era el único: participó en una exposición en la Facultad de Arquitectura de LUZ junto a otras tres personas que compartían su afición.

De aquellas tres personas hoy son al menos veinte las que han ayudado a formar el Club Zuliano del Bonsái, guiadas por un autodidacta que desde el primer día dejó claro que, contrario a lo que se cree, en el mundo del bonsái no es el hombre quien dicta las pautas sino la naturaleza.

Fernando Moncada junto a uno de sus bonsáis
Fernando Moncada, fundador de Higurashi y presidente del Club Zuliano del Bonsái.
Lo que nos mueve

Misión, visión y valores

Misión

Incentivar el amor y el respeto a las plantas —«plantando vida»— proveyendo bonsáis y plantas al público general y proporcionando asistencia, mantenimiento y servicio de calidad al cliente.

Visión

«Una semilla» es la posibilidad de una planta, de un árbol, de un negocio. Queremos llevar a cada lugar y a cada hogar al menos una planta, un árbol en maceta, generando belleza y ambientes más saludables.

Valores

Honestidad. Trabajo en equipo. Confianza. Responsabilidad. Eficiencia.

El taller está abierto

Circunvalación 1 con Sabaneta, Maracaibo, Edo. Zulia. Ven a conocer la colección o escríbenos para coordinar una visita.